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Después de releer el libro “Dar en el Canon Pali“, escrito por Lily de Silva, profesora de Pali y Estudios Budistas en la Universidad de Peradeniya en Sri Lanka, he querido compartir algunas partes del texto que siempre me han resultado agradables, mezcladas con reflexiones propias.

Dar es la mejor arma contra la codicia. Dar nos libera del apego, es un gran alivio y, al mismo tiempo, un sacrificio.

La dificultad para ejercitar esta virtud de dar es proporcional a nuestra propia avaricia y egoísmo. Sólo practicando con constancia puede uno disminuir estos defectos y aumentar el desapego y la generosidad, virtudes que conllevan a la felicidad.

En budismo existe la figura del “dador munificente”:

“Aquel que goza las cosas deliciosas pero que le da a otros lo que no es delicioso es un donador que es un esclavo de los regalos que da. Aquel que da cosas de la misma calidad de las que él mismo disfruta es uno que es como un buen amigo de su regalo. Aquel que se satisface a sí mismo con cualquier cosa que puede adquirir pero que da delicias a otros es un dador munificente, un señor y un maestro de los obsequios que da.”

No es necesario tener mucho para practicar la generosidad, porque uno puede dar de acuerdo a sus propios medios. En ocasiones postergamos el momento de la donación para cuando tengamos más dinero y más pertenencias. Esperamos a ‘ganar la lotería’ para ayudar a las personas que nos necesitan; sin embargo, esto es como postergar nuestro aprendizaje hasta un futuro que no existe. Es una manera de enmascarar nuestro apego y el miedo que tenemos a deshacernos de parte de nuestras pertenencias. Si no es uno quien ayuda, entonces ¿quién? Si uno no ayuda ahora, entonces ¿cuándo? Uno puede dar una pequeña cantidad con el corazón lleno de fe y amor.

En las épocas de carestía los necesitados deben ser tratados con generosidad.

Lily de Silva

Lily de Silva

“Yo cocino, ellos no cocinan. No es propio para mí que cocino no darle a aquellos que no cocinan.”

Angutttara Nikaya (A. iv, 236)

El involucrarse personalmente en el acto de dar es enormemente benéfico. Esto promueve la relación entre el donante y el receptor y ese es el valor social de dar. Dar promueve la cohesión social. Es el mejor medio de crear un puente para la brecha psicológica, mucho más que la brecha económica, que existe entre los que tienen y los que no tienen. Un filántropo entiende las dificultades del pobre.

Por qué escribir sobre este tipo de temas en el blog de una ONG es obvio, por lo menos para mí. En ocasiones no basta sólo con sentir pena, ni con tener buenas intenciones, ni buenos pensamientos, ni buenos deseos para aliviar el sufrimiento de las personas.

Muchas veces, hoy en día y siempre, ha hecho falta involucrarse activamente, en la resolución de los problemas que hacen que las vidas de nuestros hermanos sean menos satisfactorias.

Para muchas personas la donación de una parte de sus bienes materiales es incómoda, sin embargo esta incomodidad proviene de la sensación de individualidad. “Estoy Yo y luego están Ellos“. El individualismo es un gran problema oculto en nuestra sociedad de bienestar. Todos queremos que los pobres dejen de serlo; que los enfermos se recuperen; que los huérfanos tengan familias o que, por lo menos, tengan un futuro provechoso. Pero al mismo tiempo todos queremos una bonita casa con jardín, un coche nuevo, un televisor más grande y una cuenta bancaria más que aceptable. Sólo que tener todas estas cosas no nos dará más felicidad. La felicidad más grande se encuentra al ayudar a otros a ser felices.