22 Años después del terrible accidente en la central nuclear de Chernobil, ciudad situada en la actual Ucrania, todavía existen más de 7.000.000 de personas que viven en las zonas afectadas de las cuales 3.000.000 son niños. Son la llamada “Generación de Chernobil”. Niños que nacieron mucho después de la tragedia y que sufren sus consecuencias en forma de enfermedad o de malformaciones. Las principales áreas irradiadas por la explosión nuclear se encuentran en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, aunque la masa de aire que se creó alcanzó también amplias zonas de Asia y gran parte de Europa. En el informe que Greenpeace hizo a cerca de la zona afectada en el año 2000, se afirma que el área de riesgo directo por radiaciones es equivalente a un tercio del territorio español o a la totalidad del tamaño de Holanda
Los daños a la salud conocidos actualmente parece ser un preludio de lo que se avecina. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), sólo en territorio de la antigua Unión Soviética se producirán unas 500.000 muertes relacionadas directamente con Chernobil cuando se cumpla el 25 aniversario del accidente.
Una de las enfermedades más común entre los afectados es la leucemia, aunque superada por el número de casos de cáncer de tiroides infantil. Desde 1990, la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja llevan a cabo un programa de exámenes médicos en las zonas directamente afectadas. El objetivo es la detención precoz del cáncer de tiroides, enfermedad directamente relacionada con la catástrofe, y que, si se diagnostica a tiempo, es curable.
En España son numerosas las asociaciones que se encargan de planificar y tramitar estancias de aproximadamente dos meses a niños que viven en las zonas afectadas por el desastre de Chernobil (por ejemplo, la Fundación Juntos por la vida). Durante su estancia algunos niños son sometidos a reconocimientos médicos y reciben atención sanitaria especializada. Los efectos positivos del contacto con el clima y la dieta mediterránea no se hacen esperar. Todos los niños, sin excepción, ganan peso y altura. Los cambios se aprecian sobretodo en la piel y en el aspecto saludable del menor. Muchos de estos pequeños forman parte de familias muy pobres o proceden de orfanatos o casas de acogida, con lo que el papel de su familia española resulta extremadamente importante.
Estudios epidemiológicos llevados a cabo por la Federación Rusa estiman que dos meses de estancia en España aumenta la esperanza de vida de los niños en un mínimo de dos años. Además, los efectos psicológicos son evidentes con la mejora de su rendimiento escolar y pautas de comportamiento. Pero no sólo es su salud lo que vuelve a estos niños. Su estancia en España, en muchas ocasiones, les brinda la oportunidad de conocer el mar y de devolverles un poco de la infancia a la que tienen derecho.
Cristina Abasolo
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Junio 11, 2009 a 10:08 pm
Douglas
felicitaciones por tan hermosa lavor, DIOS los bendiga…..